Capítulo 5

capi5 Alejandro38: ¿Es eso lo que quieres que haga?

desdemona69: sí. me gusta ver cómo lo haces. es tan… masculino

—Serena, ¿en qué puedo ayudarte? —la voz al otro lado de la línea era la de una mujer joven (¿casi la de una niña?). Alejandro había marcado un número telefónico que no conocía siguiendo el mandado de Desdémona y no sabía qué responder. La chica, entonces, volvió a hablar—: Soy Serena. ¿En qué puedo servirte?

Alejandro miró a la pantalla. Desdémona parecía estar disfrutando de su falta de compostura. Chasqueando la lengua en un gesto que le llegó a través de su imagen sin ningún tipo de sonido pero que a Alejandro le dolió como un latigazo, Desdémona se dispuso a escribir.

—Tu dirección. Dale tu dirección. No hagas preguntas.

Alejandro lo hizo. Primero, tímidamente. Con la voz temblándole y las palabras saliéndole a trompicones de la garganta. Al otro lado del teléfono la chica murmuró un “entendido” y colgó. Alejandro se quedó durante unos segundos con el teléfono pegado a la oreja hipnotizado por el pitido y por la sonrisa traviesa de Desdémona, que no había dejado de mirarle.

—¿Ya lo has hecho?

—Sí.

—Estupendo. Ahora relájate. Sírvete otro vaso de whisky y disfrútalo. No te preocupes. Lo vas a pasar bien —hizo una pausa traducida en una mueca y borró sus palabras para rectificarlas—. Lo vamos a pasar bien.

Alejandro hizo sin rechistar lo que acababa de pedirle aquella desconocida del chat. A decir verdad, sí que necesitaba el alcohol. Se le había pasado por la cabeza cortar con aquello, claro que se le había ocurrido. Nunca había sido una persona de acción y siempre había pecado de ser demasiado previsor, demasiado matemático para ser un escritor, demasiado cauto, demasiado poco para cualquier cosa, nunca llegaba y siempre se quedaba al margen, quieto, paralizado. Era un cobarde. Así se definía él.

Así que todo lo que estaba experimentando, toda esa novedad, ese cosquilleo electrizante que le recorría el cuerpo ante lo que estaba haciendo, la novedad ante lo desconocido, el sentirse valiente, atrevido, irracional por primera vez en su vida era lo que le impedía cortar con ello. Como si, efectivamente, la corriente eléctrica fuera la que a través de un cortocircuito desafortunado le mantuviera pegado sin remedio a aquella situación.

Sonaba el Satisfaction de los Stones en el reproductor de música del ordenador y los cubitos de hielo tintineaban en el vaso cada vez que se llevaba la bebida a los labios.

—¿Estás nervioso? —le preguntó ella después de verle sorber lentamente sumergido en sus pensamientos.

—Un poco.

—Muy bien. Vas aprendiendo.

—¿A qué?

—A ser sincero y a temerme.

—¿A temerte?

—Claro. Nada nos pone más cachondos que lo… peligroso. ¿No crees?

—Supongo que tienes razón.

—Siempre tengo razón —escribió ella con aquella medio sonrisa que Alejandro nunca sabía cómo interpretar.

—Sí que pareces tenso. Si estuviera en la misma habitación que tú, no me importaría darte un masaje para que te relajaras. Ponerme encima de ti y destensarte la espalda. Eso me gustaría.

Por toda respuesta, Alejandro resopló.

—¿No te gustaría?

Alejandro sacudió la cabeza y le respondió.

—Claro que me gustaría.

—Pensaba que había dejado de gustarte. Sería una pena, dado el punto en el que estamos —Desdémona se relamió consciente de los efectos que sus gestos producían en Alejandro y volvió a sonreírle cuando él resopló de nuevo como modo de aplacar su nerviosismo y su excitación—. ¿No quieres preguntarme nada antes de que empiece lo que tengo preparado para ti? ¿Tanto desconfías de mí?

—¿Acaso me darías una respuesta?

—Por supuesto que te la daría —Desdémona encendió un cigarrillo y, coqueta, como si hubiera sido el viento y no sus propios dedos, dejó que una de las tiras del sujetador se le deslizara por el hombro—. Claro, que eso no quiere decir que mi respuesta no te produjera más preguntas.

Alejandro no pudo evitar fijarse en aquel hombro que ahora aparecía desnudo frente a él. Aquella tira de elástico negro que dejaba intuir la piel de un cuerpo que él había imaginado hasta la extenuación durante todo el día basándose en sus recuerdos de la noche anterior. Un triángulo perfecto de lunares como vértices coronaba el trozo de piel que enseñaba el sujetador a medio quitar. El resto de piel que se podía entrever parecía suave, terso, tan seguramente placentero al tacto como Alejandro había creído la otra noche.

Tuvo que reprimirse para adelantar la mano y tocar la pantalla, consciente de que lo único que sentiría sería el tacto frío y plano del cristal del monitor. Pero no podía evitarlo. Quería tocarlo. Que aquellos pechos fueran suyos, sentirlos junto al suyo, estrujándose contra su torso mientras la abrazaba y le acariciaba la espalda, notando sus pezones erectos sobre su pecho y su respiración entrecortada frente a su boca justo antes de besarla y arrancarle definitivamente el sujetador de un tirón seco para que descansara sobre el mismo suelo donde después la montaría.

A pesar de sentirse paralizado por la personalidad de la chica, había algo en él que bullía y que pugnaba por salir a flote en descargas violentas que al mismo tiempo le excitaban y le malhumoraban, llegando incluso a molestarle, a hacerle sentir mal, enfadado. Deseaba utilizar aquella agresividad reprimida para incluso pegarla, darle un bofetón, para hacerle daño, para cachetear su trasero y enrojecérselo mientras le metía la polla por su agujero, para follársela de la manera con la que ahora mismo estaba deseando. Por detrás, por ejemplo, cara a la pared, sujetándole las muñecas y apretándoselas con fuerza contra el frío papel pintado sin dejar que se resistiera, sintiéndose lo contrario a lo que estaba sintiéndose en ese momento: todo un hombre, un animal sediento de sexo que no se detendría hasta conseguirlo. No un cachorrillo asustado.

Poco o nada sabía Alejandro que sus deseos, aunque a medias, quedarían de alguna manera satisfechos aquella misma noche.

—Ya queda menos —escribió ella después de dar una profunda calada a su cigarrillo. Era consciente de que la cabeza de Alejandro se movía a mil revoluciones por minuto cuajada de interrogantes sin respuesta—. ¿Por qué no fumas? Aliviará tu tensión.

—¿Eso es lo que quieres que haga?

—Sí —escribió ella tras una mueca divertida y una nueva calada—. Me gusta ver cómo lo haces. Es tan… masculino.

Aquella palabra, “masculino”, aquella palabra referida a sí mismo por medio de la boca (o, en este caso, las teclas) de Desdémona, hizo que volviera a despertarse en él la misma excitación que llevaba sintiendo durante todo el día y que, por unos segundos, le había abandonado. Había sido como si Desdémona le hubiera leído el pensamiento y hubiera sabido qué necesitaba escuchar para que se le volviera a poner el vello de la nuca de punta y los dedos le despidieran descargas eléctricas. Le gustaba sentirse masculino. Le gustaba que ella le reconociera como tal.

Por eso cogió un nuevo Marlboro del paquete, lo sujetó entre los dientes y sonriendo sin dejar de mirarla, lo encendió. Dio una calada profunda y dejó escapar el humo lentamente a través de una nueva sonrisa cargada de complicidad hacia su cámara. Su imagen quedó borrosa por unos segundos, hasta que se disipó el humo.

Desdémona asintió complacida y repitió el gesto, soplando el humo lentamente hacia la cámara que la enfocaba como si se lo estuviera lanzando directamente a él. Comenzó a acariciarse mientras tanto la tira del sujetador que aún le quedaba sobre el hombro, tentándole, simulando que estaba a punto de dejarla caer también pero sin hacerlo realmente.

Alejandro continuó fumando con parsimonia disfrutando de la visión de Desdémona haciendo lo mismo que él y pensando que era curioso que ese mismo gesto, teóricamente masculino, sobre ella, a él le produjera tal excitación que habría continuado fumando un cigarrillo tras otro sin parar con tal de que ella también siguiera jugando así.

Comenzó a cosquillearse el pecho inconscientemente mientras la miraba y se dejó llevar por el placer del humo y de la nicotina invadiendo su cuerpo.

En ese momento llamaron a la puerta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: