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	<title>La encrucijada del cuentista</title>
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	<description>Novela erótica por Mateo Serna</description>
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		<title>Capítulo 7</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Apr 2009 11:43:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mateoserna</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Capítulo 7]]></category>
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		<category><![CDATA[literatura erótica]]></category>
		<category><![CDATA[novela erótica]]></category>

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		<description><![CDATA[Alejandro38: Como desees. desdemona69: vas aprendiendo. Alejandro se mordió el labio inferior algo confuso. Porque lo estaba. No cabía duda al respecto. Se sentía confuso por la situación que estaba viviendo y por la naturalidad de aquellas dos mujeres que habían prorrumpido en su vida pero, sobre todo, estaba confuso por la manera en que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=65&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-66" title="capi7" src="http://laencrucijadadelcuentista.files.wordpress.com/2009/04/capi7.jpg?w=69&#038;h=180" alt="capi7" width="69" height="180" /><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                              &lt;![endif]--> <strong>Alejandro38:</strong> Como desees.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>desdemona69: vas aprendiendo.</strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro se mordió el labio inferior algo confuso. Porque lo estaba. No cabía duda al respecto. Se sentía confuso por la situación que estaba viviendo y por la naturalidad de aquellas dos mujeres que habían prorrumpido en su vida pero, sobre todo, estaba confuso por la manera en que le había logrado excitar aquella conversación acerca de él que habían mantenido ambas y que demostraba su consistencia bajo la tela vaquera del pantalón y bajo la atenta mirada tanto de Desdémona como de Serena, si acaso aquellos eran sus nombres verdaderos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro levantó la mirada porque ambas habían dejado de escribir y se encontró con la de Serena sobre su abultado paquete, observándolo con mirada coqueta.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="more-65"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Lo ves? —escribió Desdémona—. ¿Te lo había dicho o no? Debajo de… bueno, de todo eso, se esconden cosas más gratas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Ya veo —dijo Serena sin darse cuenta de que Desdémona no podía escucharla—. Ya veo…</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Estaba interpretando su papel a la perfección. Ya se lo habían dicho en el instituto, que era una persona con un talento innato para adaptarse a todas las situaciones. Y ella había sabido sacarle partido a su don, por supuesto.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">El primero que se lo dijo (y quizá también el último, aunque ella no lo recordara así, por el eco tan potente con que aquellas palabras se habían repetido y quedado grabadas en su subconsciente) fue el señor Leiva, su profesor de filosofía, a quien había acosado y a quien finalmente se había tirado sobre la mesa de su despacho para que le pusiera un sobresaliente. El pobre profesor Leiva, tan recto, tan casado, tan serio, con aquellas frases tan tajantes pero al mismo tiempo enigmáticas, no opuso ninguna resistencia y accedió a todo lo que ella le pidió.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Después se mudó a Madrid para asistir a la universidad y se le ocurrió aquello. Sabía que gustaba a los hombres (y a algunas mujeres, sobre todo a las que no la envidiaban) y tenía que sacar provecho. La paupérrima beca que le habían concedido por sus sobresalientes notas al acabar la secundaria y el bachillerato no le eran suficientes para llevar la vida que ella había imaginado en la capital. Y serena era ambiciosa. Quería tenerlo todo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Tenía veinte años. Era mayor de edad y podía hacer lo que le viniera en gana. Por eso lo hizo, se anunció en el periódico local de más tirada como señorita de compañía y al cabo de un par de días su teléfono acabó inundado de llamadas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Se puso un precio. No iba a venderse por cualquier miseria. Y rechazó sin clemencia a todo aquel (o aquella) que no hubiera estado dispuesto a pagarlo de antemano.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Se hizo un nombre.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Sus servicios corrieron de boca en boca y al par de meses se encontró viviendo en un ático en serrano (bastante mejor, todo sea dicho, que el pobre apartamento en el que se encontraba ahora) mientras acudía puntualmente a sus clases de económicas y dirección de empresas en ICADE obteniendo brillantes resultados mientras que por las noches se convertía en Serena, a través de la que obtenía resultados igualmente brillantes solo que más húmedos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Tenía serias dudas de que aquel chico tímido de barba desarreglada y que le miraba confundido fuera a pegarle la suma de euros que ella demandaba pero no le importó. No era feo. Y lo que se intuía bajo sus pantalones tampoco tenía mala pinta. Serena también tenía sus debilidades.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Observó al hombre que continuaba mirándola apoyado en el escritorio y le sonrió, adelantó la mano y tiró de la cadenita dorada que colgaba de su cuello para atraerlo hacia sí.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Así que te llamas Alejandro —arqueó una ceja—. No te preocupes, que no soy detective ni nada parecido. Lo he descubierto porque ese es el nombre que aparece en el chat cuando escribo por ti.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Sin soltar la cadenita con la mano izquierda, se giró hacia el teclado y escribió:</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Muy bien. Estoy preparada.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona asintió complacida y después de hacer crujir sus dedos en un gesto que en serena despertó un par de carcajadas, frunció los labios como si se estuviera enfrentando a una decisión transcendental y escribió:</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Perfecto. Siéntale en la silla. Que me mire. Asegúrate siempre de que me mire. Y desentumécele un poquito, anda.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Serena asintió ante sus palabras e hizo lo que Desdémona le había ordenado. Lanzó a Alejandro, que a estas alturas tenía la agilidad de un mueble, y del impulso, con Alejandro sentado de piernas abiertas y el semblante sorprendido, la silla se deslizó rodando hacia atrás, de modo que Alejandro quedó visible de cuerpo entero para Desdémona, que observaba todo con atención desde su lugar en la pantalla.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Serena se sentó a horcajadas sobre él y le sujetó la cara por la barbilla áspera de barba de varios días para colocarla en el ángulo oportuno.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Mírala. Ya lo has leído.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro asintió como un autómata y se dejó hacer. De todos modos, no podía hacer otra cosa. Y dentro de él, en esa parte de su cerebro que no estaba bloqueada y que aún pensaba por sí misma, ni quería.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Serena sonrió. Aunque más bien se sonrió a sí misma. Alejandro no la estaba mirando y una sonrisa como aquella no tenía sentido si nadie la veía. Así que decidió convertirse también en el objeto de aquel gesto, que incluso por muy estudiado, aún no había perdido su naturalidad.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Le acarició la cara cuando comprobó que sus ojos habían quedado fijos en la chica del ordenador y continuó bajando por su cuello, lenta y suavemente, hacia su pecho, donde revolvió juguetona el vello que lo cubría y donde, además, le pellizcó con fuerza uno de sus pezones. Tenía que hacerle despertar de su letargo. Sabía hacerlo. No volvería a llamarse Serena si no lo lograba.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Después, se inclinó para besarle el cuello. También muy despacio. Posando un beso húmedo tras otro mientras recorría el mismo camino que segundos antes había recorrido su mano. No se escuchaba nada en la habitación excepto el ronroneo del ordenador y el sonido de sus labios succionando levemente la piel de aquel hombre que le estaba dejando un amargo regusto a colonia en el paladar.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Le excitaba aquel sonido de sus besos. Y a él también. Podía comprobarlo a través de cómo había comenzado a respirar entrecortadamente bajo sus pechos y por cómo el bulto de sus pantalones había comenzado a ganar tamaño de nuevo bajo sus piernas, que lo oprimían.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Sopló allí donde su saliva había dejado rastro para enfriar su piel y producir escalofríos y, lentamente de nuevo, comenzó a besarle en el lado contrario del cuello mientras acariciaba su cara áspera con la mano que tenía libre, ya que la otra la tenía asida fuertemente al respaldo de aquella silla giratoria donde se encontraban para evitar que él se moviera.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Pero no tenía por qué preocuparse porque Alejandro no lo iba a hacer. Contemplaba embelesado la imagen de Desdémona mientras ella le basaba, y que desde su silla, girando distraídamente a un lado y a otro, observaba la escena complacida, sabiendo que aquel espectáculo era para ella, solo para ella. Le sonreía mientras se mordisqueaba el dedo meñique y se acariciaba con ternura la piel que había debajo de la tira negra del sujetador que aún llevaba puesta.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Serena entonces se separó de Alejandro después de recorrerle con los labios la piel que iba desde el cuello hasta su pezón izquierdo y le miró antes de pasar de nuevo a la acción. La respiración entrecortada de él seguía excitándola, así como también lo hacía el hecho de que Alejandro aún no hubiera movido un solo dedo para tocarla. Le gustaba follar así, despacio, sin prisas. Así es como se lo demandaba a sus amantes, hastiada por que sus clientes, nada más verla, se abalanzaran contra ella para ponerle las garras encima de las tetas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Se inclinó otra vez sobre él y sin dejarle reaccionar aún, acercó su boca y sus labios al pezón que acababa de humedecer con sus besos y se lo mordió. Al principio fue un mordisco suave, tan solo lo cercó con sus dientes y apretó suavemente. Una vez preso por aquella dentadura tan blanca, adelantó su lengua y comenzó a acariciárselo a un ritmo rápido. El mismo ritmo al que esa misma lengua le impondría más tarde a otras partes más duras de su fisionomía.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Pero después fue cuando tiró. Tras chupárselo durante unos segundos y en el momento en que supo que él no se lo esperaría, apretó los dientes de nuevo y tiró del pezón hacia sí como si en realidad quisiera arrancárselo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">No pudo evitarlo. Alejandro exhaló un gemido de dolor mientras cerraba los ojos. Sí. Así era como tenía que pasar. Debía enfurecerlo. Cabrearlo incluso. Sacar al hombre que llevaba dentro y darle a la chica morena que daba órdenes el espectáculo que quería contemplar.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro no sabía si lo que estaba sintiendo era dolor o placer, pero percibió nacer perfectamente aquel sonido gutural en su garganta y deslizarse por la cara interior de su cuello rasgándosela hasta que salió de su cuerpo como si llevara reteniéndolo durante mucho tiempo. Toda su vida, a lo mejor.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona sonrió ante el gesto de Alejandro. No podía escucharle, pero verle perder el control, gemir, cerrar los ojos y arquear la espalda ante el mordisco de Serena le estaba demostrando que no había sido precisamente un error llamar a aquella chica cuyo anuncio había visto aquella mañana.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Serena se inclinó hacia detrás arqueando la espalda y flexionándose como una contorsionista experta, sujetándose a la silla y bocabajo, la miró dejando a la vista el lugar brillante y enrojecido donde se había producido el mordisco en el cuerpo de Alejandro.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona asintió y escribió:</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Quítate ahora el sujetador. Haz que ahora te mire a ti si puedes. A ver cuál de las dos logra atraer su atención.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Serena volvió a su posición y lanzando de nuevo con fuerza a Alejandro hacia el respaldo, se llevó las manos a la espalda para desabrochárselo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Lo había comprado aquella misma mañana. Le gustaba estrenar ropa interior nueva cada noche. Hacía que cada cliente fuera diferente.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">El que llevaba puesto aquella noche era negro, a juego en el tanga. No tenía grandes adornos, tan solo un par de puntadas algo más artísticas en las costuras con hilo rojo a juego con sus zapatos y poco más. No le gustaban los sujetadores estridentes, prefería que hablara más alto lo que había debajo. Pero al mismo tiempo sabía que su álter-ego, Serena, era una puta. Una puta de lujo, además. Sabía que sus clientes la contrataban también por el espectáculo. Para echar un polvo, podían contratar a cualquier otra de la calle Montera.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Con un leve chasquido se desabrochó el sujetador y dejó que se le deslizara por los brazos hasta que cayó sobre el regazo de Alejandro que, de esa manera, dejó de mirar a la pantalla y la observó a ella por unos instantes.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Lo que vio hizo que se le abriera la boca y comenzara a salivar inconscientemente. Ante él, dos pechos redondos, casi esféricos, se levantaban como si la gravedad no funcionara para ellos. Eran blancos. Tan blancos como la piel de aquella chica que decía llamarse Serena y sus pezones le apuntaban erectos y rosados, haciendo que Alejandro sintiera ganas de decir que le habían disparado directamente al corazón (o a la entrepierna) y que le habían dejado bien muertos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Levantó la vista de aquellos dos pechos que le dejaban sin respiración durante un momento y cuando lo hizo se cruzó con la de Desdémona que observaba sus reacciones algo socarrona y que había comenzado a quitarse el sujetador al mismo tiempo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro no sabía dónde mirar.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/65/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=65&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Capítulo 6</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Apr 2009 18:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mateoserna</dc:creator>
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		<category><![CDATA[capítulo 6]]></category>
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		<description><![CDATA[Alejandro38: ¿No es un poco paradito, quizá? desdemona69: No te preocupes. Yo sé cómo hacer que despierte Era una chica rubia. Menuda. En efecto, como Alejandro había pensado al escuchar su voz, muy joven. ¿Unos veinte o veintiún años, quizá? Tenía el pelo algo mojado, claro indicio de la lluvia que caía en el exterior, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=63&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-62" title="capi6" src="http://laencrucijadadelcuentista.files.wordpress.com/2009/04/capi6.jpg?w=69&#038;h=180" alt="capi6" width="69" height="180" /><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                            &lt;![endif]--> <strong>Alejandro38: </strong>¿No es un poco paradito, quizá?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>desdemona69: No te preocupes. Yo sé cómo hacer que despierte</strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Era una chica rubia. Menuda. En efecto, como Alejandro había pensado al escuchar su voz, muy joven. ¿Unos veinte o veintiún años, quizá? Tenía el pelo algo mojado, claro indicio de la lluvia que caía en el exterior, y un abrigo ancho que casi le llegaba hasta los tobillos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro se había quedado paralizado al escuchar el timbre de la puerta y no supo qué hacer. Desdémona le preguntó que qué le pasaba y hasta que no se lo hubo explicado y ella le indicara que se levantase a abrir, no habría sido capaz de reaccionar.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Dejó el vaso de whisky sobre el escritorio y se levantó tal cual estaba, el cigarrillo a medio consumir entre los labios, la camisa desbrochada y la tienda de campaña bailándole bajo los pantalones vaqueros que se había manchado de mantequilla ese mismo día durante aquel desayuno que ahora le parecía tan lejano.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Soy Serena.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="more-63"></span> La invitó a pasar. Educadamente, le retiró el abrigo. Estaba mojado. No supo qué hacer con él así que lo dejó sobre el sofá. La chica se adelantó unos pasos, algo vacilantes, y le dio la espalda. Alejandro tuvo que contener la respiración cuando la miró de nuevo porque no esperaba que debajo de aquel abrigo tan solo llevara el sujetador, un minúsculo tanga y un liguero que le sostenía un par de medias de rejilla que terminaban en un par de zapatos de charol rojo de tacón de aguja. No tuvo que pensar mucho para deducir a quién había llamado: Era una puta.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro arqueó una ceja y dejó que el cigarrillo se le cayera al suelo por efecto de su boca abierta. No era la primera vez que acudía a una puta. De hecho, era la tercera. La primera vez había sido durante su adolescencia, justo después de acabar el instituto, en la fiesta de fin de curso, henchido de alcohol y algún que otro estupefaciente, tanto a él como a sus amigos se les ocurrió ir en coche a la Casa de Campo con el recién estrenado carné de conducir y coche de segunda mano de uno de ellos para que una puta les hiciera una mamada con la que celebrar el fin de curso.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Llegaron, aparcaron, y se lo dijeron a la primera que vieron: Un travesti que pesaba más de mil toneladas y que apenas cabía en la parte trasera del coche donde Alejandro y dos de sus amigos, con las carcajadas bailándoles en la garganta, los pantalones bajados y las pollas empalmadas, la esperaban.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">La segunda vez fue más por pena que por excitación. Estaba en un congreso de escritores en una ciudad de provincias. No podía dormir en el hotel porque le habían metido en una habitación sin calefacción a pesar de estar en medio de la sierra de Gredos en pleno mes de enero y se le había terminado el tabaco. Así que salió de madrugada y entró en el único bar que encontró abierto y que resultó ser un burdel. Después de sacar su consabido paquete de Marlboro de la máquina (casi el doble de caro de lo que le habría resultado comprarlo en un bar normal, pero al que acabó accediendo porque la necesidad le urgía) se dio la vuelta y la vio. Estaba llorando en un rincón susurrando en un idioma que no entendía. Se acercó a ver si necesitaba algo y la chica se le colgó del cuello y comenzó a besarlo. Alejandro no pudo pararla y después de llevarle a una habitación en las traseras del local sin darle opción a rechistar y después de hacerle algo más que una mamada pero que Alejandro no sintió como excitante, adelantó la palma de la mano y dijo “cincuenta euros” con un acento chocante en el que las erres aparecían más marcadas de lo normal. Alejandro la pagó y salió del local algo confundido, sin saber si podía siquiera consolarse con el hecho de pensar que había hecho, digamos, una buena acción.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Quieres tomar algo? —le preguntó más por romper el hielo que por otra razón. En ese momento se dio cuenta de que la chica, Serena, tiritaba. Debía de haberse mojado bastante—. ¿Subo la calefacción?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">La chica se dio la vuelta y le sonrió. Su sonrisa no tenía nada que ver con la de Desdémona. Era diferente. Quizá fuera fingida, pero en todo caso, diferente. La sonrisa encajaba a la perfección con su dentadura completamente blanca y alineada. Los labios, afinadamente perfilados y pintados de un rojo intenso, propiciaban el contraste con sus dientes. Alejandro pensó que si estuvieran en el siglo XVI y él fuera Petrarca, seguramente le habría dicho aquello de los dientes como perlas para conquistarla y sonrió para sus adentros por las jugadas extrañas y por los ridículos enlaces que establecía su cerebro para aplacar su tensión.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—No te preocupes —dijo ella con una voz melosa y sensualmente impostada mientras daba un par de pasos hacia él—. Solo me he mojado un poco al bajar del taxi, nada que otro tipo de calor no pueda secarme.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Llegó hasta él y le colocó las palmas sobre el pecho desnudo. Alejandro sintió sus manos frías sobre su propia piel y dejó que un escalofrío le recorriera la espalda. Aquella chica era toda una profesional y sabía perfectamente a lo que había acudido a aquella dirección. Quien no lo tenía tan claro era él.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Y bien? —le dijo ella mirándole a los ojos desde abajo, ya que Alejandro le sacaba cerca de una cabeza y media, apoyándose un poco más contra él, haciéndole trastabillar y dar un par de pasos hacia atrás —¿Qué quieres que te haga?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro abrió mucho los ojos ante aquella pregunta y resopló mirando fijamente a la pantalla del ordenador, desde donde la imagen de Desdémona les miraba atentamente ocupando casi la mitad del espacio del monitor.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">La chica rubia frunció un poco el ceño al observar su reacción y se dio la vuelta para descubrir qué era lo que estaba mirando él. Cuando lo hizo, Desdémona agitó la mano a modo de saludo divertida y la sonrió. Entonces ella se separó de Alejandro suavemente (no sin antes acariciarle el pecho) y se acercó al ordenador. En efecto, aquella otra chica morena les estaba mirando a ellos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Serena sonrió y miró a Alejandro adivinando al instante el entramado de razones por las que le había llamado aquel hombre que se mostraba tan tenso. Pobrecito, pensó, seguramente fuera un hombre tímido. Se le notaba a la legua. Dejó escapar una especie de carcajada que más pareció un gorjeo cantarín que otra cosa. Cogió un cigarrillo del paquete que había sobre la mesa, lo encendió y se adelantó un nuevo paso hacia Alejandro tendiéndole la mano. Un hombre tímido. Su especialidad. Ella siempre sabía qué hacer para que dejaran de serlo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Es tu mujer? ¿Tu novia? ¿Estáis lejos y os echáis de menos y quieres que me folles? ¿O quiere que hagamos otra cosa?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Sí… —respondió él.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿“Sí” a cuál de mis preguntas?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Ante la pasividad de él, Serena volvió a darse la vuelta y comprobó que Desdémona les estaba haciendo gestos para que se acercara a la pantalla. Cuando lo hizo, escribió:</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Quiero que hagáis todo lo que yo os pida. No te preocupes. Te pagaremos bien.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Serena leyó aquellas palabras mientras le daba una calda al cigarrillo y dejaba escapar el humo lateralmente, de manera un poco chabacana que contrastaba con su forma de mover el resto de su cuerpo, tan sensual y elegante sobre aquellos zapatos brillantes de tacón de aguja.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Estás segura? —se atrevió a escribir utilizando el teclado de Alejandro—. Me da la sensación de que el tipo es un poco… paradito.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona se rió ante aquella observación de la chica rubia y le respondió:</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—No te preocupes. Yo sabré hacer que se despierte.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Movido por la curiosidad, Alejandro (era escritor y, al fin y al cabo, la curiosidad formaba parte de su esencia incluso en circunstancias tan límites como aquella) se había acercado a donde ambas chicas se estaban comunicando y observaba impertérrito la conversación.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Mírale —le dijo Desdémona a Serena—. ¿No te parece mono?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Es guapo, no te lo voy a negar.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Y él tampoco nos negará nada a nosotras, te lo aseguro.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/63/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=63&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Capítulo 5</title>
		<link>http://laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/2009/04/17/capitulo-5/</link>
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		<pubDate>Fri, 17 Apr 2009 11:04:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mateoserna</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Capítulo 5]]></category>
		<category><![CDATA[cibersexo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[literatura erótica]]></category>
		<category><![CDATA[novela erótica]]></category>

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		<description><![CDATA[Alejandro38: ¿Es eso lo que quieres que haga? desdemona69: sí. me gusta ver cómo lo haces. es tan… masculino —Serena, ¿en qué puedo ayudarte? —la voz al otro lado de la línea era la de una mujer joven (¿casi la de una niña?). Alejandro había marcado un número telefónico que no conocía siguiendo el mandado [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=54&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-53" title="capi5" src="http://laencrucijadadelcuentista.files.wordpress.com/2009/04/capi5.jpg?w=69&#038;h=180" alt="capi5" width="69" height="180" /><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                            &lt;![endif]--> <strong>Alejandro38:</strong> ¿Es eso lo que quieres que haga?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>desdemona69: sí. me gusta ver cómo lo haces. es tan… masculino</strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Serena, ¿en qué puedo ayudarte? —la voz al otro lado de la línea era la de una mujer joven (¿casi la de una niña?). Alejandro había marcado un número telefónico que no conocía siguiendo el mandado de Desdémona y no sabía qué responder. La chica, entonces, volvió a hablar—: Soy Serena. ¿En qué puedo servirte?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro miró a la pantalla. Desdémona parecía estar disfrutando de su falta de compostura. Chasqueando la lengua en un gesto que le llegó a través de su imagen sin ningún tipo de sonido pero que a Alejandro le dolió como un latigazo, Desdémona se dispuso a escribir.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="more-54"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Tu dirección. Dale tu dirección. No hagas preguntas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro lo hizo. Primero, tímidamente. Con la voz temblándole y las palabras saliéndole a trompicones de la garganta. Al otro lado del teléfono la chica murmuró un “entendido” y colgó. Alejandro se quedó durante unos segundos con el teléfono pegado a la oreja hipnotizado por el pitido y por la sonrisa traviesa de Desdémona, que no había dejado de mirarle.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Ya lo has hecho?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Sí.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Estupendo. Ahora relájate. Sírvete otro vaso de whisky y disfrútalo. No te preocupes. Lo vas a pasar bien —hizo una pausa traducida en una mueca y borró sus palabras para rectificarlas—. Lo vamos a pasar bien.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro hizo sin rechistar lo que acababa de pedirle aquella desconocida del chat. A decir verdad, sí que necesitaba el alcohol. Se le había pasado por la cabeza cortar con aquello, claro que se le había ocurrido. Nunca había sido una persona de acción y siempre había pecado de ser demasiado previsor, demasiado matemático para ser un escritor, demasiado cauto, demasiado poco para cualquier cosa, nunca llegaba y siempre se quedaba al margen, quieto, paralizado. Era un cobarde. Así se definía él.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Así que todo lo que estaba experimentando, toda esa novedad, ese cosquilleo electrizante que le recorría el cuerpo ante lo que estaba haciendo, la novedad ante lo desconocido, el sentirse valiente, atrevido, irracional por primera vez en su vida era lo que le impedía cortar con ello. Como si, efectivamente, la corriente eléctrica fuera la que a través de un cortocircuito desafortunado le mantuviera pegado sin remedio a aquella situación.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Sonaba el <em>Satisfaction </em>de los <em>Stones </em>en el reproductor de música del ordenador y los cubitos de hielo tintineaban en el vaso cada vez que se llevaba la bebida a los labios.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Estás nervioso? —le preguntó ella después de verle sorber lentamente sumergido en sus pensamientos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Un poco.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Muy bien. Vas aprendiendo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿A qué?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—A ser sincero y a temerme.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿A temerte?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Claro. Nada nos pone más cachondos que lo… peligroso. ¿No crees?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Supongo que tienes razón.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Siempre tengo razón —escribió ella con aquella medio sonrisa que Alejandro nunca sabía cómo interpretar.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Sí que pareces tenso. Si estuviera en la misma habitación que tú, no me importaría darte un masaje para que te relajaras. Ponerme encima de ti y destensarte la espalda. Eso me gustaría.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Por toda respuesta, Alejandro resopló.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿No te gustaría?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro sacudió la cabeza y le respondió.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Claro que me gustaría.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Pensaba que había dejado de gustarte. Sería una pena, dado el punto en el que estamos —Desdémona se relamió consciente de los efectos que sus gestos producían en Alejandro y volvió a sonreírle cuando él resopló de nuevo como modo de aplacar su nerviosismo y su excitación—. ¿No quieres preguntarme nada antes de que empiece lo que tengo preparado para ti? ¿Tanto desconfías de mí?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Acaso me darías una respuesta?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Por supuesto que te la daría —Desdémona encendió un cigarrillo y, coqueta, como si hubiera sido el viento y no sus propios dedos, dejó que una de las tiras del sujetador se le deslizara por el hombro—. Claro, que eso no quiere decir que mi respuesta no te produjera más preguntas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro no pudo evitar fijarse en aquel hombro que ahora aparecía desnudo frente a él. Aquella tira de elástico negro que dejaba intuir la piel de un cuerpo que él había imaginado hasta la extenuación durante todo el día basándose en sus recuerdos de la noche anterior. Un triángulo perfecto de lunares como vértices coronaba el trozo de piel que enseñaba el sujetador a medio quitar. El resto de piel que se podía entrever parecía suave, terso, tan seguramente placentero al tacto como Alejandro había creído la otra noche.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Tuvo que reprimirse para adelantar la mano y tocar la pantalla, consciente de que lo único que sentiría sería el tacto frío y plano del cristal del monitor. Pero no podía evitarlo. Quería tocarlo. Que aquellos pechos fueran suyos, sentirlos junto al suyo, estrujándose contra su torso mientras la abrazaba y le acariciaba la espalda, notando sus pezones erectos sobre su pecho y su respiración entrecortada frente a su boca justo antes de besarla y arrancarle definitivamente el sujetador de un tirón seco para que descansara sobre el mismo suelo donde después la montaría.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">A pesar de sentirse paralizado por la personalidad de la chica, había algo en él que bullía y que pugnaba por salir a flote en descargas violentas que al mismo tiempo le excitaban y le malhumoraban, llegando incluso a molestarle, a hacerle sentir mal, enfadado. Deseaba utilizar aquella agresividad reprimida para incluso pegarla, darle un bofetón, para hacerle daño, para cachetear su trasero y enrojecérselo mientras le metía la polla por su agujero, para follársela de la manera con la que ahora mismo estaba deseando. Por detrás, por ejemplo, cara a la pared, sujetándole las muñecas y apretándoselas con fuerza contra el frío papel pintado sin dejar que se resistiera, sintiéndose lo contrario a lo que estaba sintiéndose en ese momento: todo un hombre, un animal sediento de sexo que no se detendría hasta conseguirlo. No un cachorrillo asustado.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Poco o nada sabía Alejandro que sus deseos, aunque a medias, quedarían de alguna manera satisfechos aquella misma noche.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Ya queda menos —escribió ella después de dar una profunda calada a su cigarrillo. Era consciente de que la cabeza de Alejandro se movía a mil revoluciones por minuto cuajada de interrogantes sin respuesta—. ¿Por qué no fumas? Aliviará tu tensión.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Eso es lo que quieres que haga?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Sí —escribió ella tras una mueca divertida y una nueva calada—. Me gusta ver cómo lo haces. Es tan… masculino.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Aquella palabra, “masculino”, aquella palabra referida a sí mismo por medio de la boca (o, en este caso, las teclas) de Desdémona, hizo que volviera a despertarse en él la misma excitación que llevaba sintiendo durante todo el día y que, por unos segundos, le había abandonado. Había sido como si Desdémona le hubiera leído el pensamiento y hubiera sabido qué necesitaba escuchar para que se le volviera a poner el vello de la nuca de punta y los dedos le despidieran descargas eléctricas. Le gustaba sentirse masculino. Le gustaba que ella le reconociera como tal.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Por eso cogió un nuevo Marlboro del paquete, lo sujetó entre los dientes y sonriendo sin dejar de mirarla, lo encendió. Dio una calada profunda y dejó escapar el humo lentamente a través de una nueva sonrisa cargada de complicidad hacia su cámara. Su imagen quedó borrosa por unos segundos, hasta que se disipó el humo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona asintió complacida y repitió el gesto, soplando el humo lentamente hacia la cámara que la enfocaba como si se lo estuviera lanzando directamente a él. Comenzó a acariciarse mientras tanto la tira del sujetador que aún le quedaba sobre el hombro, tentándole, simulando que estaba a punto de dejarla caer también pero sin hacerlo realmente.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro continuó fumando con parsimonia disfrutando de la visión de Desdémona haciendo lo mismo que él y pensando que era curioso que ese mismo gesto, teóricamente masculino, sobre ella, a él le produjera tal excitación que habría continuado fumando un cigarrillo tras otro sin parar con tal de que ella también siguiera jugando así.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Comenzó a cosquillearse el pecho inconscientemente mientras la miraba y se dejó llevar por el placer del humo y de la nicotina invadiendo su cuerpo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">En ese momento llamaron a la puerta.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/54/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=54&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">mateo serna</media:title>
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			<media:title type="html">capi5</media:title>
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	</item>
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		<title>Capítulo 4</title>
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		<comments>http://laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/2009/04/13/39/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 21:38:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mateoserna</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Capítulo 4]]></category>
		<category><![CDATA[cibersexo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[literatura erótica]]></category>
		<category><![CDATA[novela erótica]]></category>

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		<description><![CDATA[Alejandro38: No entiendo qué es lo que quieres que haga. desdemona69: seguir mis órdenes. sin preguntar. eso es lo que me gusta. eso es lo que quiero que hagas. No pudo dormir en toda la noche. Aquella mañana Alejandro ocultaba sus ojeras bajo las gafas de sol mientras salía a desayunar a la cafetería que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=39&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-38" title="capi4" src="http://laencrucijadadelcuentista.files.wordpress.com/2009/04/capi4.jpg?w=69&#038;h=180" alt="capi4" width="69" height="180" /><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                            &lt;![endif]--> <strong>Alejandro38: </strong>No entiendo qué es lo que quieres que haga.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>desdemona69: <span style="font-size:10pt;">seguir mis órdenes. sin preguntar. eso es lo que me gusta. eso es lo que quiero que hagas.</span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">No pudo dormir en toda la noche. Aquella mañana Alejandro ocultaba sus ojeras bajo las gafas de sol mientras salía a desayunar a la cafetería que había bajo su casa y donde solía hacerlo. Pidió un café bien cargado y un par de tostadas y, mientras disfrutaba del primer cigarrillo del día, abrió la prensa por la última página y se dispuso a leer. Exactamente lo mismo que llevaba haciendo tanto tiempo que ni recordaba. Ya no hacía siquiera falta que pidiera el desayuno al camarero de la barra, en cuanto le veían entrar, se lo servían. Incluso podría decirse que tenía reservada la misma mesa todos los días.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Sin embargo, a pesar de lo rutinario y conocido de aquella actividad, no pudo concentrarse lo más mínimo. Las letras le bailaban sobre el papel, el café acabó enfriándosele y la tostada acabó sobre el pantalón. Del revés. Del lado de la mantequilla. Pero lo del pantalón le importó poco, a fin de cuentas, ya estaba sucio. Hacía más de dos meses que no echaba a lavar aquel vaquero. Lo que realmente le preocupaba era el por qué de aquella distracción. Por qué no era capaz de quitarse la imagen de Desdémona de la cabeza.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="more-39"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Aunque tuviera el periódico delante, lo único que veían sus retinas eran las tetas de Desdémona apretadas en la pantalla del ordenador, como si se hubiera congelado aquella imagen en su cerebro. Desdémona sonriendo mientras se acariciaba los pechos. Desdémona fumando mientras le miraba masturbarse. Desdémona pícara mordiéndose el dedo índice. Desdémona. Desdémona. Desdémona.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">No lo entendía. Solo había entrado a aquel chat como algo circunstancial. Algo en lo que inspirarse para la novela. En ningún momento había pensado repetirlo. Pero ahora, con el café frío, la tostada a medio comer y el periódico definitivamente sin leer, lo único que podía hacer era esperar a que pasaran las horas en el reloj y llegara la noche para poder conectarse otra vez y buscar a Desdémona.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Se decía que era normal querer conectarse al chat de nuevo. Que tenía una idea para la novela en la punta de la lengua (¿o en la punta de otra parte del cuerpo?) pero que no sabía qué y necesitaba seguir experimentando, llegar a donde Desdémona quisiera hacerle llegar aquella vez. Solo esperaba encontrarla.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Por eso se sentó después de cenar delante del ordenador y volvió a pulsar todas aquellas teclas verdes que le abrían el camino hacia donde realmente quería llegar. Se puso el mismo seudónimo para que le reconociera, encendió un cigarrillo de la misma marca del día anterior (la misma marca de siempre, a decir verdad, había bastantes cosas que a Alejandro le gustara que cambiaran y entre ellas estaban sus Marlboro de toda la vida) y contuvo la respiración. Pero no tuvo que contenerla durante mucho tiempo: Desdémona acababa de encontrarle y de solicitar una conversación con él. Alejandro aceptó.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Otra vez por aquí?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona llevaba también el mismo sujetador del día anterior y a Alejandro le gustó reconocerlo. Le gustó reconocer el lunar que tenía al lado del ojo derecho, los movimientos suaves pero certeros que hacía con la mano que sostenía el cigarrillo y con cuyos dedos se acariciaba la comisura de la boca de vez en cuando y aquella sonrisa que, con solo recordarla, era capaz de provocarle la más dura de todas las erecciones que había tenido nunca.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Pero ¿por qué le estaba pasando aquello? No lo comprendía. Era recordarlo. Recordar lo que había pasado la noche anterior lo que le ponía tan cachondo. A simple vista no había sido nada. Solo se había masturbado delante de una chica. Nada fuera de lo común. Ni siquiera algo realmente excitante o real. Eso. Nada real. Cada uno estaba en su casa y les separaba, ¿quién sabe? Hasta un mar de distancia, por poner una medida.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">No había sido la paja. No. Había sido algo más. El camino que le había llevado a ella. El sentirse completamente dependiente de aquella desconocida. Que aquella chica le dijera qué hacer y él obedeciera y a ella le gustara. Era eso. El sentirse completamente dependiente de ella lo que le estaba haciendo volver a encontrarla aquella noche aunque no supiera reconocerlo. Aunque no quisiera. Aunque asumir su debilidad ante Desdémona fuera algo que ni se le hubiera pasado por la cabeza.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Porque estaba más concentrado en que se le pasaran otras imágenes mucho más placenteras.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Como, por ejemplo, la que estaba viendo ahora. Como Desdémona poniéndose el cigarrillo entre los dientes, sonriéndole (a él), como Desdémona volviéndose a hacer aquel recogido que dejaba a la vista su cuello seguramente más que suave al tacto y al gusto (de él), o como Desdémona cerrando los ojos y estirando ese mismo cuello a un lado ya otro para descontusionarlo (ante los ojos de él) consciente de que Alejandro la estaba mirando mientras fumaba con avidez descontrolada.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Solo podía ver su busto, la cámara no le proporcionaba la vista de su cuerpo completo. Pero a él le era suficiente. Lo demás prefería imaginárselo. En ráfagas veloces le llegaban imágenes de una Desdémona sin ropa interior, con las piernas abiertas, tocándose la vulva suavemente con la mano que no tenía a la vista mientras le miraba a él y era consciente de estar poniéndole cachondo. Le gustaba eso. Que Desdémona, en aquel momento, existiera allí, con ese nombre falso, con esa seguridad impostada, con aquella personalidad electrizante, para él, solo para él.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—No tenía nada mejor que hacer.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Soy un segundo plato entonces? —escribió ella haciendo una mueca de sorpresa exagerada que terminó en una carcajada. En una sola. Una que Alejandro no llegó a escuchar pero cuyo sonido imaginado volvió a dejarle descargas eléctricas por toda la espalda.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Dicen que los entrantes solo son un aperitivo para el plato principal.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Entonces dices que soy el plato principal. Eso me gusta más.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Me alegro.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Hoy estás más elocuente.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Hoy soy un día más sabio.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Y a pesar de eso has vuelto? ¿Por qué?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Por eso, porque sé lo que quiero.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Y qué quieres?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—A ti, ahora, claro.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona volvió a reírse y después se pasó la lengua por entre los dientes, mirándole casi con desprecio, sabiéndose superior, sabiéndose la que controlaba la situación, sabiendo que aquel gesto nervioso de Alejandro de fumar compulsivamente, aquellas palabras sin verdadero significado, lo único que hacían era ocultar su inseguridad ante lo que estaban viviendo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Me gustabas más ayer, cuando no sabías qué hacer ni qué decir.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Por qué?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Lo puedes imaginar.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Mi imaginación no funciona cuando te tengo delante.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Mejor. Déjame imaginar por ti entonces.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Y, sin darse cuenta, Alejandro llegó al punto que buscaba desde aquella mañana. Ese en el que Desdémona pensara por él, le dijera qué tenía que hacer. Porque era eso, sentirse su juguete personal, lo que le excitaba.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">No dijo nada, se limitó a mostrarle una media sonrisa enmarcada por la sombra de barba de varios días y por los hoyuelos que se le formaban en las mejillas y a cruzarse de brazos detrás de la cabeza e inclinarse un poco hacia atrás, haciendo que los botones de su camisa medio desabrochada mostraran parte de su pecho en una clara invitación a que Desdémona trabajara por él.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Empieza por desabrocharte la camisa. Me gustan los hombres que llevan la camisa desabrochada. Da un toque de elegancia.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro volvió a sonreír y asintió. Se puso el cigarrillo entre los labios y sin dejar de mirar a la cámara, como si la estuviera mirando a ella a los ojos, con una mirada entre cómplice y pícara, empezó a desabrocharse los botones que le restaban lentamente hasta que aquella camisa a rayas tan clásica quedó completamente desabrochada. Alejandro sintió un nuevo escalofrío pero no supo identificar si era por mostrarse tan vulnerable delante de aquella chica o porque realmente hiciera frío en la habitación.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Muy bien, Alejandro. Así me gusta.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona sonrió complacida y se puso uno de los mechones que escapaban de su recogido detrás de la oreja. A Alejandro le encantaba que Desdémona hiciera aquello.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Ahora sírvete un vaso de whisky como el que tenías ayer sobre la mesa. Lo necesitarás.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro volvió a obedecer sin rechistar. Se levantó y su imagen en la pantalla mostró una silla vacía mientras él iba hacia el mueble bar y se servía una copa de una de las botellas, que estaba ya casi en las últimas después de todo el alcohol ingerido en busca de la inspiración durante los últimos días, fue al congelador y echó un par de cubitos de hielos en el vaso de fondo grueso y volvió a sentarse. Levantó el vaso a modo de brindis y le dio un sorbo. Desdémona sonrió complacida.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Ahora coge el teléfono y marca este número.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro no pudo evitar hacer una mueca de desconcierto. ¿Qué le estaba pidiendo hacer? ¿Era su número el que ella acababa de escribir y que aparecía claramente en la pantalla de su ordenador? ¿Quería que la llamara?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—No entiendo qué es lo que quieres que haga —se atrevió a escribir aun con su teléfono móvil en la mano.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p><span style="font-size:12pt;font-family:&quot;">—Seguir mis órdenes —escribió ella con semblante divertido—. Sin preguntar. Eso es lo que me gusta. Eso es lo que quiero que hagas</span></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/39/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=39&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Capítulo 3</title>
		<link>http://laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/2009/04/08/capitulo-3/</link>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 11:52:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mateoserna</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Capítulo 3]]></category>
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		<category><![CDATA[literatura erótica]]></category>
		<category><![CDATA[novela erótica]]></category>

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		<description><![CDATA[Alejandro38: Creo que voy a correrme desdemona69: esas cosas no se creen. se saben A ella le gustaba que hubiera pasado. Le gustaba también que él todavía no se hubiera dado cuenta de que tenía la polla fuera. Se mordisqueó traviesa el dedo índice y no pudo evitar pasear un poco la lengua por su [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=28&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-27" title="capi3" src="http://laencrucijadadelcuentista.files.wordpress.com/2009/04/capi3.jpg?w=69&#038;h=180" alt="capi3" width="69" height="180" /><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                              &lt;![endif]--> <strong>Alejandro38:</strong> Creo que voy a correrme</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>desdemona69:</strong> <!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                              &lt;![endif]--> <strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">esas cosas no se creen. se saben</span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong></strong>A ella le gustaba que hubiera pasado. Le gustaba también que él todavía no se hubiera dado cuenta de que tenía la polla fuera. Se mordisqueó traviesa el dedo índice y no pudo evitar pasear un poco la lengua por su yema antes de quitárselo de la boca. La polla de él, cuando hizo aquel gesto, volvió a vibrar por sí sola. Ella, en su cuerpo, sintió un cosquilleo cálido y conocido que empezaba a recorrerle la cara interior de los muslos y subía hacia el estómago. Le tenía en sus manos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro se había quedado tan extasiado mirando cómo la chica se acariciaba a sí misma que cuando amplió su rango de visión y comprobó que la polla se le había salido del bóxer, tuvo un arrebato de vergüenza y se la guardó dentro de nuevo, mientras el corazón le latía a mil por hora, no sabía si por la excitación o por la repentina timidez.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="more-28"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—No lo hagas —escribió ella sin dejar de mirar fijamente a la cámara—. Me gustaba.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro se quedó quieto mientras leía aquellas palabras de la chica. De nuevo volvía a sentirse dentro de su cuerpo, con aquellos miembros, no precisamente el que se le acababa de escapar por el bóxer, que le sobraban y con los que no sabía qué hacer. Siguió de pie, mirando a la pantalla, contemplando cómo la expresión pícara y divertida de la chica le estaba excitando más que cualquier foto pornográfica que había visto en<span> </span>sus paseos por internet con la intención de inspirarse para su novela. O quizá, más bien, con la excusa de inspirarse.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Se sentó de nuevo sobre la silla y encendió un nuevo cigarrillo mientras la chica seguía mirándole y se balanceaba sobre su silla giratoria como analizándole de nuevo. Alejandro pensó que no hacía falta que lo hiciera. Había adivinado su precio y ya hacía tiempo que le había comprado. No pensaba separarse del ordenador hasta que ella se lo ordenara.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Ahora quítate la camiseta, ya me he cansado de verte vestido.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro obedeció. Se quitó aquella camiseta blanca con el agujero hecho por la quemadura rápidamente y la lanzó al otro extremo de la habitación. Sonrió y se mesó la barba en un gesto inconsciente.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Así? —escribió.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Mucho mejor —escribió ella.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—No sé cómo te llamas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Soy Desdémona. Llámame así.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—La esposa de Otelo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—No, simplemente yo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro sonrió complacido. No se había dado cuenta, pero mientras estaba escribiendo, se había estado acariciando el pecho desnudo, había estado jugando con sus pezones erectos, no sabía si por el frío o por la excitación, y la cruz dorada sobre su pecho bailaba al compás con que su mano rozaba su piel.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Sigue haciéndolo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿El qué?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Tocarte.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro se relamió los labios y se echó hacia atrás en la silla. Se estiró. Tenía la espalda entumecida de tantas horas sentado frente al ordenador y le sentó bien. Cruzó las manos tras la nuca y miró de nuevo a su imagen en la pantalla. Estaba sonriendo. Y Desdémona también.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro se pasó la lengua por entre los dientes y arqueó una ceja. Le gustaba que Desdémona le mirara, que le observara, que le midiera. Siguió acariciándose el pecho suavemente, casi en un baile con una coreografía estudiada. De los labios, pasaba con el dedo índice, sin levantarlo de su piel, al cuello, de ahí bajaba al pecho y enredaba el dedo en los caracolillos que el vello formaba sobre su cuerpo, acariciaba primero un pezón, oscuro y ovalado, ya endurecido, luego el otro. Recorría la cruz que formaba su pecho sobre su torso, bajaba al estómago, recorría el caminillo de hormigas que le subía desde el bajo vientre hasta por encima del ombligo. Se estaba divirtiendo. La novela había pasado a un completo segundo plano y ahora lo único que quería hacer era disfrutar delante de la webcam.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Satisfecha, Desdémona se separó un poco para que Alejandro pudiera apreciar su imagen de una manera mucho más completa y no solo en un primer plano de su cara. Alejandro suspiró sin dejar de acariciarse. Se mordió los labios. Ella sonrió. No del todo. Quizá solo fue una media sonrisa que podría haber pasado incluso por tímida, pero después de los minutos que llevaban observándose, Alejandro sabía que aquella sonrisa era cualquier cosa menos tímida. Era una mera careta.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Como si le doliera la espalda, Desdémona se llevó la mano derecha a su nuca, que comenzó a acariciar con algo de presión y fuerza, como haciéndose un masaje. Cerró los ojos y comenzó a respirar entrecortadamente, con la cabeza levantada. Alejandro sabía que estaba fingiendo, sus gestos eran demasiado exagerados, pero no le importaba. Le estaba excitando. Ella echó la cabeza hacia atrás y abrió los ojos, esta vez, sonriendo más ampliamente.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Con ambas manos a la espalda, se desabrochó el sujetador, que cayó suavemente, dejando paso a la visión de sus dos pechos desnudos. No eran muy grandes, pero a Alejandro le parecieron más que suficiente, se la imaginó caminando sin sujetador, con aquellos dos pechos bajo una camiseta ajustada, moviéndose al compás de sus pasos y a él dándose la vuelta disimuladamente al verla pasar junto a él por una acera demasiado estrecha para observarlos de nuevo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Hizo un gesto de asentimiento y sonrió para que ella siguiera mostrándose frente a la cámara como quisiera. Sin embargo, ella hizo como que no lo percibía. Alejandro no estaba al otro lado de la pantalla para darle órdenes. Ese era su cometido. El de él, seguirla en lo que le dijera.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona le sonrió desde el otro lado de la pantalla y se deshizo el recogido de su pelo haciendo que la melena cayera por sus hombros. Agitó la cabeza para que se moviera con más libertad y volvió a mirarle después<span> </span>mientras que con el mismo dedo índice con el que antes se había estado paseando por su canalillo y por sus labios entreabiertos, comenzaba a acariciarse los pezones. Primero lentamente, con la uña. Alejandro llevó la mano inconscientemente hacia su paquete, su polla hacía tiempo que había empezado a crecer y, junto a Desdémona, controlaba todos los movimientos de Alejandro. Alejandro lo pensó, que en ese momento, Desdémona y su polla eran una. Le habría gustado que fuera así también físicamente y que no les separara la distancia del ordenador.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Pero no pudo pensar mucho más, Desdémona seguía recorriendo el contorno de sus aureolas con ambas manos. Eran amplias, mucho más amplias de lo que Alejandro hubiera imaginado en un principio. No le encajaban con el tamaño de sus pechos, pero aquella desproporción hizo que le gustara aún más. Sintió su boca salivar. Desdémona se humedecía los labios mientras se acariciaba suavemente aquellos pezones oscuros con los dedos sin dejar de mirarle. Alejandro seguía acariciándose la polla por encima del calzoncillo sin darse cuenta de que lo estaba haciendo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Le excitaba. Había visto infinidad de vídeos porno en los que chicas desinhibidas se tocaban y hacían gestos lascivos hacia la cámara y ninguno había llegado a excitarle tanto como lo que estaba viendo en esos momentos. Aquellas chicas se tocaban para sí mismas, lo mismo podría ser él quien estuviera detrás de la pantalla o cualquiera. Sin embargo, Desdémona se estaba tocando para él, le estaba sonriendo a él, estaba disfrutando con la imagen de él. Era por él por lo que estaban frente a frente. Eso le excitaba más que nada.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona se sujeto ambas tetas con sus manos, como si llevara un sujetador de piel y dedos que las sostenían dejando los pezones erectos apuntándole a él. No pudo más y tuvo que encender un nuevo cigarrillo. Ella se rió. La expresión de Alejandro tuvo que ser divertida debido al soplido con el que aprovechó para exhalar el humo de la primera calada del cigarrillo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Ella se inclinó hacia delante y escribió.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Ahora quítate el calzoncillo. Me he cansado de juegos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro se colocó el cigarrillo en la comisura de los labios, como un James Dean pasado de años y sonrió. Haría todo lo que ella le ordenara. Se levantó y se tiró del calzoncillo hacia abajo. Con la presión del movimiento, su polla rebotó unos instantes y él tuvo que gemir ante la mezcla de dolor y pasión que acababa de sentir. Le encantaba cuando las chicas con las que se acostaba le hicieran aquello justo antes de metérsela en la boca.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Ya desnudo, le dio una nueva calada al cigarrillo y la miró. Ella se había pasado la lengua entre los labios en una clara invitación que sería más que invitación si no les separara la distancia incierta de internet. Inclinó la cabeza y Alejandro se sentó.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Ahora comienza a masturbarte. Primero hazlo suavemente. No quiero que te corras en dos minutos como un crío de teta.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Un niño de tetas es lo que soy —se animó a escribir Alejandro presa de la excitación.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Pues tetas tendrás, si es lo que quieres.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Desdémona se echó hacia delante y dejó que sus tetas ocuparan toda la pantalla, sosteniéndoselas con ambas manos, apretándoselas, haciendo que diera la sensación de que ambas quisieran escapar a través de la webcam para llegar hasta Alejandro, que comenzó a masturbarse echado hacia atrás en su silla. Sostuvo su polla con la mano derecha y comenzó un masaje lento que le hizo salivar y aumentar los latidos de su corazón.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Intentó no cerrar los ojos para no perderse la visión de aquellos dos pechos de apariencia suave y jugosa, pero tuvo que hacerlo mientras gimió cuando recibió por primera vez las oleadas del placer. Intentaba no hacerlo, también intentaba controlar la velocidad con la que se estaba masturbando, pero no podía. Necesitaba correrse, era su único objetivo, correrse delante de Desdémona y que ella viera cómo su leche inundaba su piel por ella, que ella viera lo que su mera imagen había logrado con su cuerpo, haciéndole perder todo atisbo de voluntad.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Muy bien, sigue así —pudo leer Alejandro sobre la pantalla cuando logró entreabrir los ojos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Aquello fue suficiente para que continuara, era la libertad que llevaba esperando de Desdémona. Correrse como tenía que hacerlo, como no podía esperar a hacerlo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Ella, mientras tanto, había encendido un cigarrillo y disfrutaba de la visión de un Alejandro excitado y desbocado mientras se acariciaba con parsimonia las mismas tetas que a Alejandro le habría gustado chupar y acariciar. Se había separado un poco de la pantalla. Tenía las piernas abiertas, pero todavía llevaba las braguitas puestas. Eran negras. De tul y encaje. Transparentes. A juego con el sujetador que minutos antes se había quitado. De vez en cuando, se pasaba los dedos de la mano derecha por encima, acariciándose pero sin acariciarse, como si su única intención fuera la de volver loco a Alejandro.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Y, de alguna manera, así era. Esa había sido su única intención aquella noche.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Creo que voy a correrme —escribió él lentamente con la mano izquierda mientras con la derecha continuaba masajeándose aquella polla que quería estallar de un momento a otro.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Esas cosas no se creen. Se saben —escribió ella.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Pero Alejandro no pudo leerlo. Acababa de correrse y lo único que pudo hacer fue gemir como un perro apaleado.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/28/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=28&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Capítulo 2</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2009 16:29:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mateoserna</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Capítulo 2]]></category>
		<category><![CDATA[cibersexo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[literatura erótica]]></category>
		<category><![CDATA[novela erótica]]></category>

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		<description><![CDATA[Alejandro38: No sé ni por dónde empezar. desdemona69: Por la boca. se empieza siempre por la boca. La pantalla se abrió ante él como un jeroglífico ininteligible y suspiró mientras exhalaba el humo del Marlboro. Después lo apagó en el cenicero y frunció el ceño mientras trataba de identificar lo que aquel programa intentaba decirle. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=17&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-16" title="capi21" src="http://laencrucijadadelcuentista.files.wordpress.com/2009/04/capi21.jpg?w=69&#038;h=180" alt="capi21" width="69" height="180" /><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                            &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                            &lt;![endif]--> <strong></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>Alejandro38</strong>: No sé ni por dónde empezar.<strong></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>desdemona69</strong>: <!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                            &lt;![endif]--> <strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;color:purple;">Por la boca. se empieza siempre por la boca.</span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;color:purple;"><br />
</span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">La pantalla se abrió ante él como un jeroglífico ininteligible y suspiró mientras exhalaba el humo del Marlboro. Después lo apagó en el cenicero y frunció el ceño mientras trataba de identificar lo que aquel programa intentaba decirle. En inglés para más INRI. Pulsó un par de teclas —más guiado por su color verde que le invitaban a continuar el paso que porque realmente supiera qué querían decirle— y se le dijo que tenía que introducir un nombre.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">A pesar de ser escritor, Alejandro no gozaba aquella noche de imaginación suficiente como para inventarse alguno. Y además su inexperiencia en todo esto a lo que se estaba enfrentando ahora no podía ni hacerle imaginar la cantidad de nombres que decidía ponerse la gente cuando entra en un chat de las características del que estaba a punto de entrar él. Puso su nombre y su edad. Punto. Información suficiente, pensó él. Después pulsó la teclita verde de nuevo y entonces volvió a quedar sumergido en un maremágnum de pantallas, nombres y colorines que a punto estuvieron de echarle para atrás y abandonar su nueva carrera en aquel chat cuando, de pronto, recibió un mensaje.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="more-17"></span>Alguien quería chatear con él, por lo visto. Se encogió de hombros y pulsó la tecla verde otra vez con el puntero del ratón. Después de hacerlo, contuvo el aliento y esperó.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>Alejandro38:</strong> A mí me gusta la tuya.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>desdemona69:</strong><span style="color:#888888;"> </span><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                            &lt;![endif]--> <span style="color:#000000;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">te he dicho que tienes que ser más original</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong><span style="font-size:10pt;color:purple;"> </span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alguien escribió un “hola” al otro lado de la pantalla y Alejandro no supo qué hacer ni cómo responder, volvió a mirar a su ordenador de nuevo y vio su imagen reflejada por la webcam en la pantalla. Otra ventana decía que la cámara de la persona con la que acababa de entablar una conversación, si por conversación podía entenderse aquello, estaba cargando.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Contuvo un gemido de expectación y no pudo evitar encenderse un nuevo Marlboro. Los Beatles sonaban a todo volumen por los altavoces del ordenador y trató de no ponerse nervioso ante el hecho de pensar cómo sería la persona que había decidido hablarle. Los segundos que estaba tardando en cargar aquella cámara se le estaban haciendo eternos y no dejaba de mirar su propio reflejo. Inconscientemente se limpió los restos de ceniza grisácea que todavía manchaban su camiseta y se metió por dentro la cadenilla dorada con aquella cruz tan pequeña que llevaba colgada al cuello desde su primera comunión. Aquello no era sexy. No era erótico. De hecho, aquella podría ser la noche que menos erótico se estaba sintiendo en años y esa podía ser una de las razones por las que su novela no estaba saliendo delante. No sentirse erótico y escribir una novela de ese estilo no casaban bien. Volvió a mirarse en la pantalla. Era diferente a mirarse a un espejo. Se sentía más desnudo que cuando se miraba sin ropa al espejo de su cuarto de baño. El cigarrillo se consumía y humeaba sobre sus labios resecos y pensó que necesitaba un nuevo vaso de whisky, pero no se arriesgaba a levantarse. No quería no estar presente cuando la otra persona apareciera. Y en ese momento fue cuando lo hizo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>Alejandro38:</strong> Entonces guíame tú.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>desdemona69:</strong><strong><span style="font-size:10pt;color:#5f497a;"> </span></strong><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0   21   false false false  ES X-NONE X-NONE              MicrosoftInternetExplorer4              &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                            &lt;![endif]--> <span style="color:#000000;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">eso es lo que estaba esperando que me pidieras desde que comenzamos a hablar.</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong><span style="font-size:10pt;color:purple;"><br />
</span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Era morena. La chica que tenía delante era morena y tenía el pelo largo. Le gustaban las chicas con pelo largo. Le gustó desde el primer momento que el flequillo le tapara la parte derecha de la cara, le añadía un toque de misterio. Alejandro no supo por qué, pero pensar en esa palabra, misterio, hizo que le recorriera un escalofrío por el cuerpo. Sus labios eran carnosos y seguramente fuera más joven que él. Alejandro se preguntó qué coño podía hacer una chica como aquella en un chat pudiendo tener a todos los tíos que le diera la gana suplicándole un polvo o dos a sus pies en cualquier discoteca. Pero no le importó.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Ella sonrió levemente y levantó la mano en señal de saludo. Alejandro hizo lo mismo pero con tan mala suerte que se le cayó el cigarrillo y le quemó la camiseta. Ella se rió. No había sonido, pero Alejandro pensó que sus carcajadas seguramente se escucharan a dos metros a la redonda.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Llevaba puesto un sujetador negro. La piel oscura y seguramente suave le resaltaba bajo aquella pequeña porción de tela y él tuvo que tragar saliva y contener una mueca ante el pensamiento de sentir aquella piel bajo sus dedos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Había tenido suerte.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿No me contestas al saludo? —le escribió ella.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Lo siento. Hola —le respondió él con la velocidad de tecleo que años de escritura frente al ordenador le habían proporcionado.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿Te ha dolido?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¿El qué?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—La quemadura. ¿Qué va a ser? Todavía no he hecho nada para que te duela.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—¡Ah! No. No te preocupes.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro se sentía estúpido, se sentía casi como un niño pequeño jugando con fuego de adultos. Estaba perdido, no sabía qué hacer. La imagen de aquella chica que parecía tan segura de sí misma y que parecía moverse tan bien en aquel medio le estaba haciendo sentir que su hombría descendía hasta por debajo del suelo y de nuevo estuvo tentado a cerrar la ventana, apagar el ordenador y acostarse. Sin embargo, la imagen que la webcam le proporcionaba de la mujer que tenía delante y con la que se estaba quedando embelesado, se lo impedía. Comenzaron a hablar. Alejandro pensaba que de nimiedades, pero los gestos de ella, el modo en que sonreía, el modo en que le tentaba y con el que le proporcionaba un comentario picante a cualquier cosa que él, con su incompetencia en aquellos menesteres, le decía, le hacían pensar que ella le estaba diciendo mucho más que lo que leía en la pantalla. Por eso le pidió que le guiara, porque no quería dejarla y su orgullo masculino le impedía seguir haciendo el ridículo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Entonces, guíame tú.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Eso es lo que estaba esperando que me pidieras desde que comenzamos a hablar.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro sonrió y se sintió con la libertad suficiente para encender otro cigarrillo. Era extraño verse fumar en la pantalla del ordenador. Nunca se había visto haciéndolo. Ella hizo lo mismo. Exhaló el humo hacia la cámara y su imagen se difuminó por unos instantes. Alejandro pensó que aquella imagen era como la de un sueño.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Aléjate un poco. Quiero verte.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro asintió. Se puso el cigarrillo entre los labios y empujó aquella silla de hombre de negocios exitoso hacia atrás. Su imagen quedó más pequeña en la pantalla, pero se vio a cuerpo completo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—No está mal —dijo ella sonriendo de lado—. Me gusta lo que veo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro sonrió. No sabía qué otra cosa hacer.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">—Tócate un poco —le dijo ella—. Quiero ver cómo usas las manos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro parpadeó un par de veces y a punto estuvo de dejar escapar una carcajada de nerviosismo, pero se contuvo. Era un hombre, no un niño, como un hombre tenía que comportarse. Así que lo hizo. Sonrió socarronamente a la pantalla y empezó por mesarse la barba sin dejar de mirarla. Mirar a la pantalla era como mirarle a ella a los ojos. Después, se pasó el dorso de la mano por la quijada, sintiendo lo áspera que la tenía. Se pasó la lengua por entre los dientes y bajó la mano hacia la camiseta. Pasó su mano derecha por encima suavemente, por su pecho, deteniéndose en el cuello de pico de la camiseta, por donde escapaban algunos de los vellos de su pecho, se acarició con el pulgar el trozo de piel que se escapaba por ahí y después continuó su camino, elevando el dedo índice, llevándose lo a los labios, que acarició suavemente.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">No sabía exactamente qué estaba haciendo. Se estaba dejando llevar. Había algo excitante y macabro en seguir órdenes de una desconocida y su cuerpo estaba respondiendo. Estaba notando cómo se le levantaba una tienda de campaña bajo los calzoncillos y lo único que había hecho era tocarse. Era su mirada. La mirada de aquella chica en la pantalla. Cómo fumaba con parsimonia mientras él se tocaba y cómo sonreía lo que le estaba excitando y animando a continuar con aquello.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Ella frunció los labios y después sonrió levemente, como un mercader apreciando el ganado a punto de comprar en el mercado de abastos. Hizo un gesto para que se levantara de la silla. Ella apoyó los codos sobre la mesa y su cabello oscuro le cayó por la cara, así que se lo recogió en un moño dejando al descubierto unos hombros que seguramente fueran tan suaves como el resto de su piel. Alejandro sintió que empezaba a salivar ante aquella visión. Nunca nada le había excitado tanto como la visión de un cuello y unos hombros desnudos. Era la parte que más le gustaba del cuerpo femenino.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Él le hizo caso y se levantó. Ella le dijo que se acercara. Su paquete estuvo entonces frente a la cámara. Alejandro fue consciente de cómo se estaba extendiendo una mancha que oscurecía la tela gris de algodón de su bóxer allí donde su polla estaba empezando a crecer debido a la atmósfera del momento y a lo que aquella chica le estaba diciendo que hiciera.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Miró a la pantalla. Ella sonreía, tenía entornada la mirada y estaba terminándose el cigarrillo. El suyo hacía rato que se había consumido sobre el cenicero. Alejandro no sabía qué hacer con las manos, le sobraban. Se sentía inútil, incapaz de hacer nada a no ser que ella se lo ordenara.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Entonces ella empezó a acariciarse. Primero lentamente, como si no lo estuviera haciendo, como si solo le estuviera doliendo la espalda. Pero después su mano empezó a moverse un poco con más ganas sobre su piel. Apenas la rozaba. Eran sus uñas. Pintadas de un rojo brillante y lo suficientemente largas como para clavárselas en la espalda en el momento del éxtasis. Aquel pensamiento hizo que la polla de Alejandro vibrara por sí sola. Ella se rió y asintió complacida. Así que volvió a continuar aquel camino de caricias sobre su piel.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Sus dedos se acariciaban la cara, la mandíbula, la quijada, justo de la misma manera con la que lo había estado haciendo Alejandro minutos antes. Ella tenía cerrados los ojos y la boca entreabierta. Su mano izquierda, mientras tanto, subía y bajaba lentamente por el canalillo de pechos apretados que aquel sujetador de puntilla negra sostenía.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">La derecha entonces subió hacia su boca, hacia aquellos labios carnosos entreabiertos a los que Alejandro no podía dejar de mirar y que en aquellos momentos le habría gustado lamer más que nada en el mundo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Ella recorría el contorno de sus labios con la misma uña con la que antes se había estado acariciando la forma que el hueso de su clavícula dejaba sobre su piel, el dedo índice se lo acariciaba lentamente, dibujando cada contorno mientras seguía con los ojos cerrados y respirando lentamente, muy lentamente.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Entonces abrió los ojos y volvió a mirar a la pantalla. Sonrió mientras se mordisqueaba el dedo índice y entornaba la vista divertida. Alejandro había dejado crecer su polla sin darse cuenta de que ahora se le estaba escapando del bóxer y se levantaba hacia delante, hacia la cámara, dispuesta a hacer todo lo que aquella chica estuviera dispuesta a ordenarle.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Alejandro acababa de caer.</p>
<p style="text-align:justify;">
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/17/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=17&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Capítulo 1</title>
		<link>http://laencrucijadadelcuentista.wordpress.com/2008/12/10/capitulo-1/</link>
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		<pubDate>Wed, 10 Dec 2008 20:38:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mateoserna</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Capítulo 1]]></category>
		<category><![CDATA[cibersexo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[literatura erótica]]></category>
		<category><![CDATA[novela erótica]]></category>

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		<description><![CDATA[Alejandro38: Me gusta lo que llevas puesto. desdemona69: qué pena. habría preferido que me pidieras que me lo quitara. La montaña de Marlboros sobre el cenicero amenazaba con derramarse sobre la mesa en un alud de ceniza y colillas. La pantalla del ordenador continuaba de un color blanco e impoluto y la atmósfera de la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=laencrucijadadelcuentista.wordpress.com&amp;blog=5801770&amp;post=5&amp;subd=laencrucijadadelcuentista&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0 21   false false false        MicrosoftInternetExplorer4  &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;   &lt;![endif]--> <strong><img class="alignleft" src="http://i35.tinypic.com/2rmsdup.jpg" alt="" width="69" height="180" /></strong><strong></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>Alejandro38</strong>: Me gusta lo que llevas puesto.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><strong>desdemona69</strong>: <span style="color:#800080;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">qué pena. </span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="color:#800080;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">habría preferido que me pidieras que me lo quitara.</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">La montaña de Marlboros sobre el cenicero amenazaba con derramarse sobre la mesa en un alud de ceniza y colillas. La pantalla del ordenador continuaba de un color blanco e impoluto y la atmósfera de la habitación estaba cada vez más cargada, lo que hizo que Alejandro se desesperara del todo y se levantara de aquel sillón giratorio comprado en Ikea para pasear por la habitación y pretender que, de aquella manera, quizá pudieran aclarársele las ideas. O aparecerle, mejor dicho, porque solo podrían aclarársele dichas ideas si ya las tuviera en la cabeza y, por el momento, su cabeza estaba tan en blanco como la pantalla del ordenador. Solo que más cargada y de peor humor.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Encendió un nuevo cigarrillo, el segundo paquete aquella noche, y se sirvió otro vaso de whisky en el mismo recipiente sucio donde se lo llevaba sirviendo toda la tarde y cuyo tintineo de hielos recién sacados del congelador le amplificaba en varios vatios la intensidad de su dolor de cabeza.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span id="more-5"></span><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0 21   false false false        MicrosoftInternetExplorer4  &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;   &lt;![endif]--></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Los encargos, los jodidos encargos siempre habían logrado amargarle la existencia después de alzarse en el panorama literario como joven promesa. Ganó, todavía no sabía cómo, uno de esos premios de más trascendencia social que literaria con la misma novela con la que se había presentado a otros de menor categoría y por los que su obra se había paseado con más pena que gloria y, después de aquello, la sociedad, las revistas especializadas y los críticos le habían considerado escritor. De eso hacía ya diez años.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>Alejandro38</strong>: Yo es que soy un poco nuevo en esto.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>desdemona69</strong>: <span style="color:#800080;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">se te nota</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Dio un par de vueltas alrededor de su apartamento de apenas cuarenta metros cuadrados con el cigarrillo entre los labios y no reaccionó hasta que la ceniza cayó sobre su camiseta interior, del mismo blanco inmaculado que su cerebro y que la pantalla del ordenador. Aquello hizo que su mal humor creciera a pasos agigantados. Soltó un gruñido.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Había tenido que salir a comprarla aquella mañana junto a otro par de calzoncillos, de los que también se había quedado sin reservas. Aquellas dos prendas eran las únicas que tenía limpias y era lo único que llevaba puesto aquella noche de sábado.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">La ropa sucia se amontonaba alrededor del apartamento y ya no tenía ninguna excusa para no lavarlas. No estaba escribiendo. Y esa había sido, hasta ahora, la única excusa válida para no hacer nada. Si escribía podía permitírselo: no limpiar en semanas, comer comida basura, beber más alcohol del debido, fumar más tabaco del de costumbre y acostarse a las tantas. Sentarse frente al ordenador fumando un cigarrillo tras otro y emborrachándose noche tras noche no llevaba el suficiente condumio como para aderezar la consabida y explotada excusa para no limpiar.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Y sin embargo no lo hacía ni tenía pensado hacerlo. Todavía podría durar un par de días más con aquella ropa interior y en sus planes no entraba lo del salir de casa. No al menos hasta que hubiera escrito lo que se había propuesto. Que no era mucho. Un par de frases. Con un par de frases que le orientaran por dónde continuar se quedaría satisfecho.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Echó un vistazo a lo que le rodeaba mientras daba la última calada al cigarrillo, que se había consumido sin que apenas lo hubiera fumado, y suspiró mientras exhalaba el humo y apagaba la colilla bajo el grifo de agua, para cuidadosamente después colocar sus restos en la cúspide de la montaña de cigarrillos que llevaba acumulados sobre el cenicero. La mitad se habían consumido solos. Igual que su paciencia.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Dio una patada a su escritorio y profirió un gemido. Se había hecho daño. Se había olvidado de que estaba descalzo. Apretó los dientes mientras caminaba a pata coja soltando improperio tras improperio y volvió a sentarse sobre el sillón de oficinista exitoso.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Conspiraciones. Eso. Conspiraciones políticas; conspiraciones de la Iglesia Católica; conspiraciones políticas <em>y</em> de la Iglesia Católica, o de la Anglicana; espionaje; griales malditos; templarios y vampiros. De eso sí que sabía escribir, joder. Pero ¿sexo? El sexo a sus treinta y ocho años todavía no estaba siquiera seguro de saber hacerlo. Mucho menos de escribir sobre él.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>desdemona69</strong>: <span style="color:#800080;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">qué es lo que buscas?</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>Alejandro38</strong>: No sé. ¿Y tú?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Había perdido la virginidad a los veintitrés años. Dos años más tarde que el resto de sus amigos, y una eternidad después de lo que a él le habría gustado perderla. Ni si quiera sabía ahora después de todo ese tiempo si la había perdido aquella vez o no. Lo intuía. Lo intuía porque se había despertado desnudo en una cama que no era la suya y porque se había encontrado un condón usado en el suelo. El condón lo descubrió cuando lo pisó nada más levantarse. Vomitó después, claro. Pero más bien por efecto de la inmensa resaca de la que su cerebro se estaba quejando que por otra razón.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Así que, aunque aquella no fuera en realidad la versión oficial de los hechos, esa era la versión que daba a todo el que le preguntara. Más que nada, porque no volvió a follar hasta después de varios meses, cuando ya tenía veinticuatro años, y decir que había perdido la virginidad casi en el ecuador de la veintena era mucho peor que acercar su pérdida a los diecinueve.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Después sí. Después de perderla había follado mucho. O al menos lo había intentado, que no siempre tenía éxito. Pero no fue porque sus dotes seductoras cambiaran de la noche a la mañana y, de pronto, lo que le había resultado difícil y una tarea harto imposible cambiara de plano, no. Folló simplemente porque encontró pareja. Una compañera de facultad que acabó siendo profesora de lengua española en un instituto y con quien acabó más o menos viviendo. Más o menos porque nunca se decidieron a dar el paso y porque Alejandro nunca se deshizo de su apartamento. Cosa que ahora agradecía, porque la tarde en que la chica en cuestión le había echado del suyo por razones que todavía no lograba comprender pero que pudo identificar a través de sus alaridos histéricos (le acusaba de ser un aburrido en la cama entre otras lindezas) tuvo un sitio caliente donde dormir aquella noche. Y todas las noches a partir de entonces.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>desdemona69</strong>: <span style="color:#800080;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">es sábado por la noche y estoy aquí metida. qué crees que busco?</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>Alejandro38</strong>: ¿Sexo?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Después de aquello vino el premio y su supuesto cambio de vida. Dejó las clases y se dedicó a escribir a tiempo completo. Ya tenía nombre. Lo demás vendría rodado. Y más o menos, con algún tropezón que otro, así vino. Entrevistas, conferencias, otra novela, presentaciones, más entrevistas y conferencias, otra novela… Poco a poco se fue forjando sobre él la imagen que todo el mundo tiene sobre los escritores y poco a poco, a medida que le iban colgando la etiqueta, él se iba sintiendo cada vez más y más alejado de la misma.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">A su edad prefería seguir saliendo de juerga con sus amigos de la infancia a quedarse escribiendo en casa. Leer leía, sí. Le apasionaba hacerlo, pero solo lo que le gustaba, nunca como escritor y nunca cuando podía hacer cualquier otra cosa como salir, emborracharse o fumarse un canuto; leía lo que le apetecía y lo que le apetecía no solía encontrarse muy a menudo en las obras que aparecían en los cánones más cultos. Para él escribir era algo tan natural como hacer la lista de la compra, no había escrito nunca en una <em>Remington</em>; la única vez que había probado la absenta había tenido que irse a vomitar al baño, no llevaba gafas, adoraba las camisas de rayas y solía llevarlas por encima de los vaqueros. No había fumado en pipa más que una vez. Y ni siquiera había sido tabaco normal. Lo más parecido entre él y James Joyce, por poner un ejemplo, era que ambos bebían más whisky que el resto de sus congéneres, y creía que la palabra <em>bohemio</em> se refería más bien a alguien oriundo de aquella región de Chequia que a un adjetivo que se pudiera aplicar sobre sí mismo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">El día que ganó el premio sus amigos se mofaron de él diciendo que ahora que tenía una novela en el mercado podría follar mucho más alardeando sobre lo misterioso, oscuro y tan lleno de fantasmas que se encontraba cada vez que saliera de caza por alguna discoteca cual escritor romántico.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Lo intentó.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Una vez.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">En vez de éxito, obtuvo lo opuesto. La chica a la que intentó contarle aquella historieta acabó pensando que era un lunático y le pidió a su amigo, más musculoso, más grande y con mucha más mala leche que Alejandro, que por favor le alejara de él. No hizo falta que lo hiciera de todos modos, Alejandro se encargó de alejarse él solito.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Era más largo que alto y, además, por más que comiera, no engordaba ni un ápice. Lo mismo podía decirse de su masa muscular. Había intentado ir al gimnasio y lo único que había logrado al hacerlo era cansarse. A sus treinta y ocho años, el pelo moreno y rizado le vestía alguna que otra cana a la altura de las patillas, y las ojeras aparecían perennes bajo sus ojos castaños sin nada especial que los hiciera diferentes a otros miles de ojos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>desdemona69</strong>: <span style="color:#800080;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">te perdonaré esta vez por lo obvio de tu respuesta</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>Alejandro38</strong>: Gracias.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Miró hacia la pantalla del ordenador y comprobó que, efectivamente, no había escrito una sola palabra. No tenía nada. Ni siquiera una idea. Ni una. Ni una sola aunque fuera pequeñita. Se apretó los ojos y se mesó la barba que teóricamente era de tres días pero que le picaba más que si un batallón de hormigas se hubiera apoderado de su cara. Hacía días que no se afeitaba, que no comía en condiciones y que no dormía las horas que debía hacerlo. Tenía un aspecto terrible y a pesar de eso no podía detenerse a pensarlo. Tenía que escribir y tenía que hacerlo ya. No le quedaba más que un mes para entregarle la novela a su editor y no podía perder más tiempo.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Le habían encargado una novela erótica, una puta novela erótica. No tenía que ser tan difícil escribirla. Podía detenerse páginas y páginas con descripciones de cuerpos tersos y senos turgentes. Eso sabía hacerlo. El problema lo tenía en lo demás. En lo de, bueno, en lo que hacía a una novela una novela: Una historia que contar.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Su historial sexual no podía ser más pobre. No era algo en lo que pudiera basarse a no ser que fuera a escribir una novela cómica. También había visto infinidad de películas porno a lo largo de su vida y sabía por experiencia que lo que pudiera encontrar en ellas no se parecería mucho a una historia. Estaba paralizado, bloqueado completamente.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Y era la primera vez que le ocurría.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>desdemona69</strong>: <span style="color:#800080;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">eres gracioso</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>Alejandro38</strong>: Gracias.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Encendió otro Marlboro y casi inconscientemente pulsó la pestaña del navegador de Internet. No tenía ningún correo. Pero no debería haberle sorprendido. Tan solo hacía diez minutos desde la última vez que lo había consultado y su agenda no era tan extensa como para andar recibiendo un correo electrónico tras otro.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Entonces fue cuando tuvo la idea.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>desdemona69</strong>: <span style="color:#800080;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">pero la gracia por si sola no es suficiente para mantenerme en la pantalla.</span></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>Alejandro38</strong>: Entonces, ¿qué?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Un anuncio de esos molestos que se abren por sí solos en la ventana del explorador asaltó sin previo aviso su intimidad como usuario de Internet. Anunciaba un Chat. Un chat erótico a través de WebCam. Alejandro arqueó una ceja y pensó que no perdía nada por probarlo. Nunca había entrado en uno de aquellos chats, ni eróticos ni de ningún tipo, y al fin y al cabo se trataría de algo nuevo. Una experiencia nueva. Una experiencia sexual además. Si no le servía de nada, al menos tendría la excusa de haber estado investigando para la novela. Y puede que incluso se lo pasara bien.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">Dándole una nueva calada al cigarrillo pulsó con el puntero del ratón sobre aquel anuncio.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;padding-left:60px;"><strong>desdemona69</strong>: <span style="color:#800080;"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:&quot;">podrías empezar por quitarte la ropa.</span></strong></span></p>
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